lunes, 26 de marzo de 2018

Semilla de crápula.

Semilla de crápula. Consejos para los educadores que quieran cultivarla.
Fernand Deligny


Fernand Deligny escribió este pequeño librito en 1943. Un pragmático de la educación que realizó su trabajo en hospitales psiquiátricos, hogares para niños retrasados, instituciones para delincuentes, etc. Sus páginas son en realidad un pequeño repertorio de aforismos, anécdotas y consejos que forman juntos una especie de, en palabras de los editores, “antimanual” para los educadores, una “guía de planchado de unos niños que llegan a la escuela arrugados y mal plegados”. Así que no es más que una guía práctica, aunque el propio autor no aclare muy bien para qué. En cualquier caso, su lectura pausada es un inesperado descubrimiento. Nos anima a la reflexión unas veces, y a la sonrisa otras, cuando nos reconocemos en las situaciones a pesar de la distancia en el tiempo.
Qué mejor que ofrecer una muestra:

  • Hay dos mundos: el de las fórmulas, formulitas, charadas y parábolas; y el de lo que pasa en todo momento aquí abajo para quién quiere ayudar a los otros.
  • Si por tampoco te asqueas del oficio no te subas en nuestro barco, pues nuestro carburante es el fracaso cotidiano, nuestras velas se inflan de risitas burlonas, y trabajamos mucho para llevar a puerto pequeñísimos arenques aunque salgamos a pescar ballenas.
  • Ese de allá es terco, rebelde y perezoso. Se escapa. Mejor. No había nada que hacer. Se lo comerán los chanchos. Dos años después viene a verte cómodamente vestido, poseedor de una bici comprada con sus ahorros, un buen oficio en mano. No te sientas mortificado. La vida tiene mucha más experiencia que tú.
  • Sabes cantar, improvisar una historia de piratas, caminar con las manos, imitar gritos de animales, dibujar en las paredes con un trozo de carbón; entonces tendrás disciplina.
  • En los desmadres más grandes eres la calma sonriente; en las grandes calmas eres el viento .
  • Si juegas al policía, jugarán a los bandidos; si juegas al bueno de Dios, jugarán a los diablos; si juegas al carcelero, jugarán a los prisioneros. Si eres tú mismo, estarán muy molestos .
  • Jamás olvides fijarte si el que rehúsa caminar no tiene un clavo en el zapato .
  • Sobre todo hazte presente cuando no estás ahí.
  • Si quieren robar frutillas, planta frutillas en su patio.
  • Son 40. Les preguntas quiénes quieren jugar. 25 levantar la mano. Los llevas a todos a la zona de juegos y los que juegan son los otros 15.
  • Mira los que se quedan en los bordes del salón de juego expulsados como los torpes sobre el plato giratorio de los parques de diversiones. Les costará mucho esfuerzo ocupar su lugar en la existencia.
  • Cuando todo marcha bien es momento de emprender otra cosa.
  • No les enseñes a serrar si no sabes sostener una sierra. No les enseñes a cantar si cantar te aburre. No te encargues de enseñarles a vivir si no te gusta la vida.
  • Al que llora demasiado a menudo, hazle limpiar el salón. Si tienes piedad cambia de oficio.
  • Los padres: les ha tomado 15 años y 9 meses hacer de su hijo lo que es y quisieran que en 3 semanas lo conviertas en un niño modelo.
  • Que tu simpatía por aquellos de entre ellos que se te parecen no te impida comprender a los otros.
  • No les sueltes antes de que hayan tomado de la atmósfera que has creado todo lo bueno que podían tomar. Pero cuando estén demasiado cómodos, apresúrate a separarte de ellos. Por tener un ejemplo que mostrar a los otros corres el riesgo de dejar que se pudran las mejores frutas de tu cosecha.
  • Cuando hayas pasado 30 años de tu vida poniendo a punto sutiles métodos psico-pediátricos, médico-pedagógicos, psicanalo-pedotécnicos, en la víspera de la jubilación tomarás una buena carga de dinamita e irás discretamente a hacer volar algunas manzanas en una villa miseria. Y en un segundo habrás hecho más trabajo que en 30 años.
Y un deseo final de Diego Valeriano, escritor del epílogo:


Saber que la escuela se ha movido en torno de la intervención, que enseñar fue un acto de intervención. Revindicar que ahora esto ya no se puede, que la escuela está intervenida por los chicos, que la transforman al punto de hacerla irreconocible, al punto de hacerla insoportable, atroz, espantosa, al punto de hacerla una fiesta”.

Ojalá que así fuera.

José Ignacio

jueves, 4 de enero de 2018

WHIPLASH

En lugar de un libro, esta vez una de cine para docentes: WHIPLASH (2014)




Argumento:

El objetivo de Andrew Neiman (Miles Teller), un joven y ambicioso batería de jazz, es triunfar en el elitista Conservatorio de Música de la Costa Este. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza. Terence Fletcher (J.K. Simmons), profesor conocido tanto por su talento como por sus rigurosos métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del Conservatorio. Cuando Fletcher elige a Andrew para formar parte del grupo, la vida del joven cambiará. (FILMAFFINITY)


El tema principal de Whiplash es múltiple. Por una parte, plantea la cuestión de si el fin justifica los medios. O lo que es lo mismo, si es legítimo el uso de la violencia, tanto física como psicológica para lograr un objetivo, en este caso, la excelencia en la interpretación musical. Por otro lado, plantea la cuestión de cuál es el fin de la educación. Debería ser "promover el desarrollo humano en su totalidad"- fin irrenunciable de la educación- pero eso está muy lejos del objetivo de Fletcher, profesor protagonista de Whiplash.

Fletcher explica en una de las escenas que su objetivo es sacar de cada alumno lo mejor de ellos mismos. Para ello no duda en utilizar la intimidación, el insulto, la agresión física incluso. Pero es dudoso que ese sea su objetivo real y último: también busca su propia satisfacción y reconocimiento profesional en los concursos en los que participa con su banda del conservatorio.

Entre Fletcher y Neiman no existe una relación educativa: únicamente existe la intención de triunfar. Y para ello no importa humillar, inspirar terror, basar el éxito en el fracaso de otro. La violencia verbal es constante. Fletcher pretende que sus alumnos vayan más allá de sus propias expectativas, y para ello considera que la violencia es necesaria.

En este caso tenemos delante el dilema del “buen profesor” frente al “profesor bueno”. Fletcher es un profesor "eficaz", pero no es un profesor "bueno". Debería ser un dilema inexistente, pues la calidad moral del docente debería primar siempre y por encima de cualquier otro objetivo.

Otro tema propuesto en Whiplash es el concepto de autoridad, convertido aquí en autoritarismo. La potestad de Fletcher para imponer su autoridad nunca decrece, como debe ocurrir en toda relación pedagógica sana, en la que la potestad deja paso con el tiempo a la autoridad moral.

El concepto de asimetría en la relación educativa está desproporcionado en la película: la vulnerabilidad de Neiman y del resto de los estudiantes está al albur del capricho de Fletcher. Realmente no existe diálogo entre profesor y alumno en ningún momento.

Fletcher debe abandonar el conservatorio cuando es denunciado tras el suicidio de uno de los alumnos. A pesar de ello, mantendrá sus convicciones hasta el final. En uno de los últimos diálogos, Fletcher le dice a Neiman: “No hay dos palabras más dañinas que “buen trabajo”.

La historia da una vuelta de tuerca espectacular en la última escena y deja abierta la discusión sobre la validez del método de Fletcher: Neiman consigue la excelencia en su interpretación a la batería, aunque queda a la opinión del espectador valorar si el precio a pagar es moralmente aceptable o no.

José Ignacio

viernes, 27 de octubre de 2017

FEMINISMO PARA PRINCIPIANTES, de Nuria Varela

FEMINISMO PARA PRINCIPIANTES
Nuria Varela (Ediciones B, 2017)




¿Quiénes eran las sufragistas? ¿De dónde sale el feminismo radical? ¿Por qué el feminismo ha sido vilipendiado y ridiculizado? ¿Cómo y dónde surge la expresión “violencia de género”?
Éstas y otras preguntas son las que responde Nuria Valera en el libro “Feminismo para principiantes”.

El feminismo “es un impertinente, porque el feminismo cuestiona el orden establecido, y el orden establecido está muy bien establecido para quienes lo establecieron, es decir, para quienes se benefician de él”. (p. 13) Así comienza el libro. 

La obra hace un recorrido por 300 años de historia del movimiento feminista, aclarando conceptos y deshaciendo algunas falacias que, a fuerza de ser repetidas, llegan a tener estatus de verdad sin serlo.

Definir el feminismo no es tarea fácil. De hecho ha tenido distintas acepciones a lo largo del tiempo: feminismo es un discurso político que se basa en la justicia; feminismo es una toma de conciencia; feminismo es recuperar los derechos que han sido robados; etc.
Todas las definiciones tienen algo en común: “feminismo  es una teoría de la justicia que persigue que los seres humanos sean lo que quieran ser sin que su destino sea marcado por el sexo con el que hayan nacido”. (p. 20)

Varela hace un entretenido recorrido por los nombres propios de la historia del feminismo: Christina de Pizan, Mary Wollstonecraft, Simone de Beauvoir, Emily W. Davison, Harriet Taylor, Olimpia de Gouges,Flora Tristán, Alejandra Kollontai, Emma Goldman, Betty Friedan, Clara Campoamor, etc… y algún que otro hombre: John Stuart Mill y Condorcet.

Con la llegada del feminismo radical, entre el 1967 y 1975, el feminismo dejó de ser un concepto en “singular”. Feminismo de la diferencia, institucional, ecofeminismo, ciberfeminismo, etc, son distintos  feminismos que  fueron desarrollándose en cada lugar del mundo de acuerdo a sus características y necesidades. A pesar de ello, todos siguen manteniendo un lazo común: exigir que las mujeres tengan libertad para decidir por sí mismas su identidad, en lugar de que ésta sea definida una y otra vez por la cultura de la que forman parte y los hombres con los que conviven” (p. 119). En definitiva, liberarse de la cultura del patriarcado.

El libro relata también la historia del feminismo en España. Y después, centra su discurso en el desarrollo de cuatro conceptos clave:
“Androcentrismo”: considerar al hombre como medida de todas las cosas.
“Patriarcado”: liderazgo del hombre, autoridad y dominio sobre las mujeres.
“Sexismo”: mantenimiento de la situación de inferioridad de la mujer.
“Género”: sexo se corresponde con hechos biológicos, género lo hace con las normas y conductas asignadas a hombres y mujeres según su sexo.

Poder, economía, salarios, acoso, prostitución,  techo de cristal, violencia contra la mujer, papel de la mujer en la cultura, papel de la mujer en los medios… son algunos de los temas que explica con claridad y de manera amena.

Y los hombres, ¿qué papel jugamos? Reconocer la igualdad plena es el reto.

“Feminismo para principiantes” ha resultado ser el perfecto manual para iniciarse en el conocimiento de los orígenes y la evolución del movimiento feminista. De hecho, creo que no es exagerado opinar que podría ser un excelente manual de consulta entre el profesorado de todos los centros educativos.


José Ignacio, octubre 2017

viernes, 28 de abril de 2017

MEJOR EDUCADOS. Gregorio Luri.







LURI, GREGORIO, (2014). Mejor Educados. El arte de educar con sentido común. Barcelona. Ariel.

El libro “Mejor Educados” de Gregorio Luri es un pequeño manual de “buenas prácticas educativas” sobre temas diversos, subtitulado “El arte de educar con sentido común”.
Pero ya sabemos que el sentido común es el menos común de los sentidos, así que resulta ser un librito imprescindible que sin duda puede servir para provocar interesantes discusiones sobre cuestiones educativas.
El libro está dividido en 5 capítulos: sobre disciplina el primero;  el segundo sobre la escuela;  el tercero sobre las pantallas y los dispositivos electrónicos;  el cuarto sobre la relación padres e hijo; y el último, sobre valores. Cada capítulo lo conforman breves apartados en los que el autor plantea alguna situación y reflexiona sobre ella.
A continuación hay una selección de las que tienen más relación con el ámbito educativo y la escuela:

Página 25
Ser disciplinado significa ser capaz de organizarse el tiempo en función de las prioridades reales, sin dejarse arrastrar por las distracciones, canalizando las propias energías y protegiéndolas de la impaciencia y de la frustración. Es entender que lo que se puede hacer hoy conviene no dejarlo para mañana. Por eso ser disciplinados es más importante que ser listo.

Pág. 33
La responsabilidad es la otra cara de nuestra libertad. Y es propio de una mentalidad infantil querer ser más libre que responsable, o sólo querer  ser responsable de las buenas acciones, mientras las malas se achacan a las circunstancias, a la vida que nos ha tratado mal, o a la sociedad.

Pág. 46
Si ustedes quieren ser unos padres progres, no se olviden de recordar a sus hijos el consejo que Ernesto Che Guevara dirigió a los suyos en su última carta: “Estudien mucho”.

Pág. 58
Nuestro primer deber diario con nuestro hijo es garantizar que sale de casa habiendo dormido las horas que necesita y bien alimentado. Y no nos podemos excusar alegando que es tan terco que se niega a ir a la cama a su hora o a desayunar de manera adecuada. ¿Por qué no habríamos de serlo nosotros más?

Pág. 62
Una parte importante de eso que se nos escapa nos lo puede mostrar la mirada objetiva de alguien que no lo quiera incondicionalmente por ser su hijo, sino por lo que puede llegar a ser, el maestro.

Pág. 63
Está bien, por ejemplo, que en un niño de seis, siete y ocho años el maestro valore mucho el esfuerzo y el interés. Pero en un joven de 16, 17 o 18 años, lo que debe valorar es el resultado.

Pág. 64
Cada vez que oigo a un maestro defender que su trabajo no es transmitir conocimientos, sino hacer felices a sus alumnos, me compadezco de éstos. Tienen muchas posibilidades de salir de la escuela infelices e incultos.

Pág. 72
En cuestiones de Educación, los padres son los aficionados; los maestros, los profesionales;  y la sociedad, el examen de reválida.

Pág. 74
El debate sobre la escuela es tan opresivo, hay tanto negocio en juego y son tantas las preocupaciones asociadas que con frecuencia ignoramos que, siendo muy importante el tiempo que los niños pasan en la escuela, es solo una porción muy pequeña de su tiempo total. Exactamente un 12% en primaria y un 13% en secundaria. O sea, que si bien la escuela es muy, muy importante, los padres lo son, como mínimo, un poco más.

Pág. 78
Todos los grandes maestros han sabido que las diferencias culturales entre ricos y pobres se reducen en la escuela o no se reducen.

Pág. 81
¿No debería respetarse escrupulosamente el derecho de las familias a saber si la escuela en la que tienen depositada la formación de sus hijos es, por ejemplo, manifiestamente mejorable?
¿Por qué los poderes públicos ponen más empeño en controlar la higiene de los restaurantes que la calidad de la educación de las escuelas?
¿Acaso una escuela fracasada no es más tóxica que un producto caducado?
Con una mala escuela sólo hay una actuación razonable: su clausura. Ningún padre se merece otra cosa.

Pág. 86
“¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?”, le pregunto, retador, un alumno al sociólogo norteamericano Daniel Bell, que era su profesor universitario. “Soy alguien”,le respondió este, que sabe lo que tú no sabes. Tú no sabes lo que no sabes. Si lo supieras, no me necesitarías. Pero tu pregunta pone de manifiesto que me necesitas”. Encuentro en estas palabras una magnífica justificación de la autoridad del maestro.

Pág. 98
Steve Jobs declaró en una entrevista: “Nadie está más convencido que yo de la importancia de los ordenadores en las escuelas. Pero los ordenadores no son lo más importante de las escuelas. Lo más importante son los maestros. Los maestros que estimulan la curiosidad del niño y la nutren cada día. Ninguna máquina puede hacerlo de la misma manera”.

Pág. 100
El exceso de horas de pantalla va en detrimento de las relaciones cara a cara, que son las más humanizadoras porque solo en ellas nos vemos a nosotros mismos reflejados en las reacciones que provocamos los demás. Es decir, en ellas nos sentimos a nosotros mediados por el sentimiento del otro. En la relación cara cara no sentimos la distancia sino que, más bien, es el sentimiento mutuo lo que pone de manifiesto la distancia entre ambos.

Pág. 103
El problema a menudo no se encuentra en la conexión a Internet, sino en la desconexión familiar.

Pág. 106
Leer, y me refiero a la lectura seria, que es la lectura lenta, es una actividad compleja que ha de ser educada con paciencia y ha de ser blindada contra los estímulos y las prisas.

Pág. 110 (el efecto Mateo)
Respecto a los efectos intelectuales, en general, las nuevas tecnologías parecen hacer realidad las palabras del evangelista Mateo: “A todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará”. Tenemos suficientes indicios para sospechar que amplifican, para bien y para mal, las habilidades intelectuales de aquellos que las utilizan. Allí donde, por ejemplo, la persona metódica encuentra una mina, la persona dispersa encuentra un laberinto.

Pág. 121
El hábito lector crea lectores, mientras que el hábito del entretenimiento crea personas que necesitan ser entretenidas. Si lees a tu hijo para entretenerlo no ha de sorprenderte que al llegar a la adolescencia sustituya el libro por otras actividades más livianas. Enseñar entretenimientos es más fácil que enseñar a leer bien, porque para leer bien necesitas controlar tu propia atención, mientras que para entretenerte hay que dejarla ir.

Pág. 178
Conocimientos. Para ser creativo hay que ser capaz de observar un problema desde diferentes ángulos. Pero para poder observar un problema desde diferentes ángulos, hay que conocer muy bien los datos del problema. Es decir, para ser creativo se necesitan conocimientos. Como dice Bill Gates, “necesitas comprender cosas para poder inventar nuevas”.

Pág. 179
Para relacionar entre sí dos ideas se necesitan conocimientos que hagan de puente entre ellas.

Pág. 181
Picasso: “La inspiración existe, pero para ser útil te ha de pillar trabajando”.

Y el libro acaba con:

Pág 229
Quiero mencionar también a Megan Brousseau, profesora de biología en Morrisania, un barrio del Bronx al que el presidente Carter se refirió una vez como el peor suburbio de América. El primer día de clase, en el otoño de 2008, les pidió a sus alumnos que fueran puntuales, educados y atentos. Y escribió este lema en la pizarra: “Tus elecciones +  tus acciones =  tu futuro. Elige tu futuro”.
De eso se trata.

José Ignacio

domingo, 12 de febrero de 2017

LA HORA DE CLASE. POR UNA ERÓTICA DE LA ENSEÑANZA, de Massimo Recalcati

RECALCATI, M. (2016). La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza. Barcelona. Editorial Anagrama.

      Recalcati anuncia en la introducción la tesis principal de su libro: a pesar de la situación lamentable de la escuela, lo que perdurará de ella será siempre el papel insustituible del docente. Por eso una hora de clase no es algo baladí, dice, sino que puede convertirse en un momento “erótico” de comunión con el saber.

      Comienza analizando la crisis de la educación a través de los “complejos”, no en vano Recalcati es un reputado psicoanalista. Primero fue la Escuela-Edipo, que generaba obediencia sin crítica por un lado, y rebeldía y conflicto vertical por otro.  La escuela Edipo dejaría paso, a partir del 68, a la escuela Narciso, perdida en la importancia del propio yo, horizontal y donde la diferenciación de roles era cada vez más difusa. La diferencia generacional padres-hijos se rompió y ambos se soldaron,  unidos contra la figura del docente. Un falso igualitarismo que desde entonces abole la responsabilidad de los adultos en la educación de los hijos. La última etapa correspondería con la escuela Telémaco. Éste, a diferencia de Edipo, no ve a su padre como un enemigo sino como un referente. No se conforma con su ausencia, sino que inicia su búsqueda, siendo ese espíritu de búsqueda un rasgo identitario clave de la escuela Telémaco.

      Recalcati aboga por recuperar el valor de la palabra. Ésta ha perdido peso y hoy se puede hablar de todo sin reconocer que lo que se dice debe tener consecuencias, que la palabra nunca puede ser sólo una palabra.

      También muestra su preocupación por lo que llama la ley absurda y perversa del “¿Y por qué no?”, una mezcla de goce autista y afirmación de que cualquier cosa es posible, en la que la idea de límite no se contempla. De ahí la importancia de la escuela obligatoria, que impone el alejamiento de la familia y el encuentro con otros mundos, con otros lenguajes.

      Recalcati nos remite a Sócrates si queremos transitar la senda de las soluciones. El saber no sería un objeto contenido en un recipiente, sino el resultado de recorrer un camino que cada alumno ha de transitar por su cuenta, como Telémaco. Además, ese camino se construye a medida que se avanza por él. No se llena el vacío de conocimientos, sino que ese vacío se abre para poder llenarlo de algo propio. El aprendizaje supone, por tanto, una cuota de olvido.  

      La hora de clase, de efectos impredecibles, debe llevar a impulsar el deseo de búsqueda. Y esa búsqueda lleva siempre impreso el sello de la soledad en el docente: indicas el camino para que sea el alumno quien lo transite. Así que  “más que la transmisión de información, como cree la actual filosofía eficientista de las competencias, la enseñanza debe preservar lo que no se puede transmitir” (p.121)

      Presenta una visión demoledora de algunos modelos escolares actuales:
“No hay que pedir a los jóvenes que piensen, sino que lo fundamental es interactuar con ellos, entretenerlos, distraerlos, enfatizar el valor de relacionarse en cuanto tal. De esa manera la Escuela abandona su función y se desliza hacia algo nuevo, que la reduce a una suerte de parque infantil en el que se está exento de toda relación comprometida con el saber” (p. 134)


      Critica algunos otros temas que perjudican el trabajo de la Escuela: el hiperhedonismo; la disyuntiva- falsa- entre instrucción y educación; el afán cuantitativo por el rendimiento; el peligro de convertir a los docentes en psicólogos o psicoterapeutas, etc. 

José Ignacio

lunes, 2 de enero de 2017

ALABANZA DE LA LENTITUD, de Lamberto Maffei

MAFFEI, L. (2016) Alabanza de la lentitud, Madrid, Alianza Editorial.

          El título deja poco lugar a dudas sobre su contenido. Caminar a mayor velocidad no equivale a conocer mejor lo que ofrece el camino, por lo que Maffei propone directamente huir de la cultura fundamentada en la rapidez de la imagen y volver al ritmo lento del lenguaje hablado y escrito y así recuperar el “pensar” sobre el “hacer”.
     Neurocientífico, Maffei explica por qué el cerebro es fundamentalmente una máquina lenta: para que todos podamos imprimir nuestra impronta personal en el desarrollo de nuestro cerebro. Los adultos tenemos  la obligación, por tanto, de ayudar a nuestros jóvenes a construir su propio cerebro, es decir, su comportamiento futuro.
          Hablar de lentitud obliga a hablar de “tiempo”. Maffei explica que no existe un receptor cerebral del tiempo y por tanto, el reloj cerebral es bastante impreciso: por eso las  esperas se hacen eternas, y los momentos de placer vuelan. Aún así, la sucesión en el tiempo de los acontecimientos relacionados entre sí es  la base del razonamiento- a diferencia de la comunicación visual, que sucede en paralelo y podría ser, por tanto, atemporal.
       El tiempo también determina dos tipos de pensamiento: el pensamiento rápido, y el pensamiento lento. El primero estaría relacionado con la supervivencia; el segundo es consciente y fruto no sólo de la evolución biológica sino también de la evolución cultural. Este último, el pensamiento lento, es el que realmente construye el cerebro.
    Con la llegada de los instrumentos digitales, es muy posible que las estructuras cerebrales estén cambiando de función y estructura, adecuándose a la velocidad del pensamiento rápido.
       Pero el pensamiento rápido es el padre y la madre del consumismo, la base de su éxito. Produce una bulimia de consumo, asociada a una anorexia de ideas y valores que, unidos a la globalización- esperanto cultural común y artificial-, son la base perversa de la sociedad actual.
     Junto a la globalización, el mercado es el otro dios ateo de  nuestra época. Difícilmente aceptará la economía de mercado ciudadanos críticos. Se priman las asignaturas  orientadas a la producción rápida de bienes y tecnologías adecuadas para el mercado. Por eso no sólo las materias humanísticas son consideradas obsoletas, sino también las científicas que no sean aplicadas. Tanto las materias científicas básicas como las humanísticas invitan a pensar en otros valores y asustan a la ideología consumista porque hacen al hombre más libre, menos homogéneo, más diverso. El artista y el científico se caracterizan por tener un pensamiento diferente, divergente, y por tanto, peligroso para el mercado.
       Maffei explica que podemos estar viviendo un retroceso en el tiempo, una involución cerebral. Se estaría dando la paradoja de que el hemisferio izquierdo-  lingüístico y evolutivamente más tardío-  estaría pasando a tener un papel inferior al ejercido por el hemisferio derecho- el de los automatismos necesarios para que el consumismo tenga éxito.
        El éxito evolutivo de esa humanidad “rápida” traería consigo la desaparición  de actos maravillosos pero inútiles: la conversación, el arte, la poesía, la contemplación, etc.

      ¿Qué hacer entonces? El instrumento más efectivo para luchar contra el pensamiento rápido: una educación que fomente el estímulo de la crítica individual.

José Ignacio

jueves, 22 de diciembre de 2016

ENSEÑAR A VIVIR. MANIFIESTO PARA CAMBIAR LA EDUCACIÓN, de Edgar Morin

MORIN, E. (2016). Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación. Barcelona. Paidós.

          Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación, de Edgar Morin, es un libro breve pero intenso, fácil de leer pero profundo, un libro que no deja indiferente y que orienta el camino hacia donde debería enfocarse el debate sobre el futuro de la educación.
Filósofo y sociólogo francés, cercano ya a los 100 años de edad,  Morin analiza con lucidez el principal problema de la educación actual. No se trata de discutir si ésta o la otra asignatura deben estar presentes en el currículum, o si es mejor evaluar con estándares o por competencias. Se trata de conseguir que la educación sea una escuela de vida. Y para eso, más que una reforma, Morin nos propone ir un paso más allá y conseguir no sólo una revolución, sino  una metamorfosis.
       Morin sabe que es necesario enseñar y aprender matemáticas, o filosofía, o ciencias, o aprender saberes técnicos. Pero aún es más importante lo siguente:
  •          enseñar a que los hombres y mujeres del mañana sea capaces de afrontar los problemas fundamentales y globales del individuo, del ciudadano, del ser humano.
  •        penetrar en la naturaleza del conocimiento, para ser capaces de traducir la realidad sin equivocarnos, sabiendo que toda verdad total es un error total.
  •    afrontar la incertidumbre continua en la que estamos (“aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas”) (p. 47), sabiendo que no se la puede derrotar, pero que sí podemos negociar con ella.
  •           comprender al prójimo y ser comprendidos; comprenderse a uno mismo, por tanto.
  •      ser conscientes de que el individualismo que se impone tiene un lado positivo: libertad, autonomía, responsabilidad; pero también uno muy negativo: egoísmo, atomización, soledad, angustia, insolidaridad.
  •      Desarrollar una sabiduría basada en la serenidad y la intensidad, en la comprensión de que la vida personal es también una aventura social y por ello, una aventura de la humanidad.
  •           Estimular la autonomía y la libertad mental.

      La crisis de la enseñanza, nos dice Morin, es inseparable de la crisis de la cultura. Y por ello la educación no debería plegarse- por muy intensa que sea la presión que ejerce la economía liberal, los medios de comunicación e Internet- a los imperativos tecnocráticos que reducen cada vez más la parte de las humanidades.
     La educación para la comprensión está siempre ausente del sistema educativo. Aclara Morin que comprender no es entenderlo todo, y que si así lo aceptamos, nos encaminaremos finalmente a la aptitud del perdón y la magnanimidad. Conseguiremos entonces sustituir la violencia por el diálogo.
      Y para ello pide al profesorado estar en posesión de una virtud específica: la benevolencia. Benevolencia y bondad deberían constituir las virtudes supremas del maestro. El problema, añade, es que el profesorado, y especialmente el de secundaria, está desmoralizado, lo que le aboca, si no se tienen cuidado, a la resignación y la funcionarización. Además, los docentes deben luchar contra el gigantesco sistema de evaluaciones cuantitativas (PISA, por ejemplo), que impone el cálculo a cualquier otra consideración: lo cualitativo es sustituido por lo cuantitativo.
      Otro grave problema que Morin plantea es la excesiva fragmentación de los saberes, que impiden que el alumnado establezca una correcta relación entre las partes y el todo, entre lo particular y lo global. Es precisamente la contextualización y la globalización lo que pueden hacer que el conocimiento sea pertinente.
     La reforma debe empezar por la enseñanza primaria y por la educación de los educadores. La primera etapa debería centrarse en descubrir en el ser humano su triple naturaleza: biológica, psicológica y socio-histórica. La educación secundaria debería ser la que uniese la cultura científica y la humanística. Y la universidad, paradójicamente, debería tanto adaptarse a la modernidad como hacer que la modernidad se adapte a ella.
    La enseñanza, concluye, debe conducir a una “antropoética” cuyas fuentes son la solidaridad y la responsabilidad. Éstas se aprenden no con lecciones morales sino a partir de la conciencia de que el ser humano es a la vez individuo, parte de la sociedad y parte de una especie.
    Acaba su obra con una pequeña reflexión: “Todo lo que no se regenera, degenera”. Es preciso revolucionar el sistema educativo; o mejor aún, hay que conseguir su metamorfosis.




José Ignacio